A ver qué hora es. Vaya, no puedo moverme. Deber ser un sueño. Intentaré despertarme. Uno, dos y... abro los ojos. Nada. No puedo. Esperaré y disfrutaré hasta que esto pase. Ui, creo que he escuchado algo. Es mi hermana. Acaba de llegar del cole. Está entrando a mi habitación. A ver qué hace:
- ¡Mamá! ¡No está! ¡Hay un plátano en su cama!
- Ya llegará. Coge el plátano y tráelo a la cocina.
¿Cómo que no estoy? Será una de sus típicas bromas. A ver si coge el plátano que supuestamente hay en mi cama. ¿Qué hace? Me está cogiendo a mí. Con lo a gusto que estaba yo. ¿Desde cuando tiene tanta fuerza? A ver que hace conmigo. Vale, ya está. Por fin me ha dejado. Qué frío que hace. No sé dónde estoy. Acabo de escuchar a mi padre. Debe de haber llegado de trabajar. Oigo como se abre una puerta y me coge.
- ¡Papá! Deja ese plátano, que no es tuyo.
- ¿Cómo que no es mío? Tengo hambre.
¿Qué están diciendo? ¿Me están llamando plátano? ¿Estoy en la nevera? Soy yo. Una persona, no una fruta. Bueno, esperaré a que acabe este sueño tan raro. Qué aburrido es estar quieto sin hacer nada.
- ¿Dónde está tu hermano?
- No lo sabemos, papá.
Estoy aquí, en la nevera. Soy un plátano. A la larga se darán cuenta. Pues no. Ya han pasado varios días y todo sigue igual. Sigo sin poder despertarme, moverme o hablar. Mis padres han llamado a la policía. Nadie me encuentra. Nadie sabe nada de mí. Sólo yo. Soy un plátano y poco a poco me voy debilitando. Paso los días quieto, oyendo voces de preocupación. Quien se interesará por un plátano. ¿Es esta la vida que me espera? Me estoy pudriendo y pronto me tirarán. No quiero...
- ¡Hijo despierta! Llegarás tarde a clase.
¿Mi madre me acaba de despertar? ¡Vuelvo a ser yo! ¡Soy yo! ¿Todo era un sueño? ¿Estará el plátano en la nevera? No creo. Voy a mirar. Pues no. Qué suerte. Todo era un sueño. Espera. Hay una nota:
- DISFRUTA.

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